A qué huelen las nubes, ¿hay una respuesta clara a esta cuestión?

En este post queremos encontrar la respuesta sobre a qué huelen las nubes y cómo es posible conocerlo.

A qué huelen las nubes, ¿hay una respuesta clara a esta cuestión?

Sí, somos conscientes de que es una pregunta que parece difícil de responder, dadas las circunstancias y la naturaleza de esos elementos blancos que se sitúan en el cielo pero en este post queremos encontrar la respuesta sobre a qué huelen las nubes y cómo es posible conocerlo.

En un anuncio publicitario de finales de los años 90, nos invitaban a imaginar su aroma, preguntando a qué huelen las nubes, una respuesta complicada por la dificultad para llegar a ellas, tratar de tocarlas, olerlas, sentirlas…

Incluso, cuando estamos montados en un avión y atravesamos los bancos de nubes, nos imaginamos acercándonos a ellas pero la realidad nos dice que es imposible porque la ventanilla del aeroplano no se puede abrir.

Antes de nada, ¿qué son las nubes?

Para entender a qué huelen las nubes, una cuestión que habla de una de sus características principales, es mejor abordar primero la definición propia de estos elementos tan cotidianos que se ciernen sobre nosotros en el día a día, con una mayor o menor presencia, pero que siempre están ahí para cumplir una función muy importante para la naturaleza.

El vapor de agua es un componente que, si bien no es el que mayor proporción tiene en la formación de las nubes, su contribución es vital para el sistema climático.

A medida que la temperatura de una masa de aire se rebaja, la capacidad de contención del vapor de agua es menor; cuando ese aire está cargado de vapor de agua y no puede recibir más, se puede decir que esa proporción se satura, momento en el cual se experimenta una transformación en estado líquido y sólido, lo que se traduce en la formación de micro-gotas de agua percibidas como pequeños cristales de hielo, los cuales, cuando se juntan, facilitan la visibilidad de esa masa, lo que conocemos como nubes.

Además de estas composiciones, también incorporan pequeñas partículas y gases que planean en la atmósfera. Entre esos elementos, podemos destacar el papel tan relevante que juegan los núcleos de condensación o aerosoles atmosféricos, partículas diminutas que contribuyen a que el vapor de agua se condense correctamente para adquirir la forma que conocemos.

Realmente, ¿a qué huelen las nubes?

Uno de los mitos que conviene desmentir es que las nubes no están compuestas sólo por vapor de agua, como se suele creer; lo cierto es que el agua es fundamental en la formación de las nubes pero no se presenta sólo en forma de vapor, sino que la podemos apreciar mayoritariamente en estado líquido, en un formato muy peculiar, de gotas diminutas, que, por su composición, se mantienen suspendidas en el aire formando esos “algodones blancos” que planean sobre nosotros.

Si te preguntas cuán pequeñas son esas gotas, para que te hagas a una idea, estas miden entre 0,2 y 0,3 mm… más o menos, como si se rociara un spray gigante en el cielo que diera origen a estos compuestos.

Con la condensación de esas gotas, si pasáramos por el medio, estamos seguros que no veríamos nada, ya que la acumulación de agua es considerablemente superior a la que se experimenta cuando conducimos en mitad de una gran y espesa niebla.

Las nubes, por tanto, huelen como el agua

La respuesta a la eterna e idílica cuestión de a qué huelen las nubes (siempre de una manera genérica), teniendo en cuenta lo anterior, es que su aroma es como el del agua, un elemento incoloro, insípido e inodoro.

En el caso de sacar la cabeza por la ventanilla de un avión (o experimentar esa sensación al aire libre a través de otro medio), cuando pasamos a través de una nube, percibiríamos la humedad y el frío propio de esas alturas.

Además, al realizar esta acción, el descenso de presión sería muy negativo para los oídos, motivo por el cual las ventanillas de los aviones, así como el resto de accesos, están cerradas herméticamente.

Lo que se percibiría, por tanto, sería un olor a agua, que es su elemento predominante en la formación de las nubes.

Hablamos de que es la forma de verlo de una manera estándar, puesto que, en aquellas grandes urbes en las que se da mucho tráfico, los gases emitidos por el flujo de vehículos y la suciedad general que puede planear en el aire pueden influir y afectar a esa inocuidad del ambiente, llegando, por tanto, a afectar a las características de las nubes.

En estos casos, por tanto, las características del olor de las nubes pueden variar sustancialmente y tirar por tierra aquello que hemos dicho hasta ahora.

En Esenzzia, tienda líder de perfumes de imitación, nos gusta informar a nuestros clientes sobre curiosidades relacionadas con los aromas y el sentido del olfato, el responsable de que valoremos como merecen estas fragancias tan logradas de nuestro extenso y variado catálogo.


visibility 1050
favorite 348

Si te ha gustado, dale a me gusta y compártelo con tus amigos


Comparte tu opinión, ¿qué te pareció el artículo?